El broche de turquesas

Hace muchos años vivió en Egipto un rey llamado Snefru. Este rey acostumbraba buscar diversiones recorriendo las habitaciones de su palacio. Un día, el rey se aburría muchísimo y andaba de un lado para otro sin encontrar diversión alguna. Entonces, mandó a llamar a su escriba y le dijo:

- He recorrido este palacio entero en busca de alguna diversión, pero no he logrado encontrar ninguna. Además de ser mi escriba y tomar nota de todo cuanto ocurre en el palacio, sé que conoces mis gustos y sabrás decirme cómo distraerme.

Entonces el escriba, que era un hombre ingenioso, le respondió:

- Para divertirse, Su Majestad debe ir al lago del palacio. Una vez ahí, haga subir en una barca a todas las jóvenes de la corte. El corazón de Su Majestad encontrará alegría al verlas remar hacia arriba y hacia abajo. Además, estoy seguro de que al apreciar las hermosas espesuras que bordean su lago y al ver los campos que rodean las orillas, se sentirá dichoso.

- Así será – dijo el rey – Voy a organizar un paseo por el agua. Que traigan veinte remos cubiertos en oro y que inviten en mi nombre a veinte bellas jóvenes de la corte.

Los súbditos se apresuraron a hacer lo que Su Majestad ordenaba.

Las jóvenes cortesanas remaron, descendiendo y subiendo por las aguas, y el corazón del rey se sintió contento ante el hermoso espectáculo. Sin embargo, una de las jóvenes que se hallaba en la parte posterior de la embarcación, empezó a peinar su trenza y el broche de turquesas que colgaba bellamente de su muñeca cayó al agua. La muchacha, preocupada, dejó de remar y, en un instante, todas las jóvenes habían detenido sus movimientos. Su Majestad pregunto:

- ¿Por qué se detienen?

- Nuestra capitana ha dejado de remar – respondieron ellas

Entonces Su Majestad, dirigiéndose a la capitana, preguntó de  nuevo:

- Muchacha, ¿por qué ya no remas?

La joven contestó:

- Mi broche de turquesas en forma de pez ha caído al agua.

- ¿Quieres que te regale otro? – le preguntó el rey.

Pero ella respondió:

- Prefiero el mío entre todos los broches del mundo.

El rey Snefru, sin saber qué hacer, pidió que trajeran al escriba. Pasados unos instantes, el escriba se presentó ante Su Majestad, quien le dijo:

- Hermano mío, he hecho todo lo que me has dicho y me he divertido al verlas remar. Pero el broche de turquesas de la capitana ha caído al agua y entonces ha dejado de remar, así como el resto del equipo. Le he dicho que le regalaría un broche nuevo. Y sin embargo ella ha respondido “Prefiero el mío entre todos los broches del mundo”

Luego de escuchar a su rey, el escriba dividió las aguas del lago en dos mitades y puso una mitad encima de la otra. Así, pudo buscar por todo el fondo hasta encontrar el broche de turquesas en forma de pez, encima de una planta acuática. Caminó hasta él y, con mucho cuidado, tomó el broche y se lo devolvió a la capitana del grupo.

El agua había pasado de tener seis a tener doce metros de altura. Era realmente un espectáculo maravilloso. Al finalizar su misión, el escriba hizo que las aguas volvieran a quedar como antes.

En compañía de toda la corte, Su Majestad pasó todo el día celebrando este momento fantástico. Al final del día, recompensó al escriba con toda clase de cosas buenas.

Desde entonces, esta historia ha sido repetida por todos los reyes a sus hijos y a los hijos de sus hijos, una y otra vez, por los siglos de los siglos, hasta el momento de hoy, cuando llega a tus propios oídos.

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