Los enormes hombres negros

Los pigmeos que habían escapado de Dzom el gigante se establecieron a orillas de un gran río. Pero pronto llegaron unos enormes hombres negros con sus garrotes, sus cuchillos y sus escudos de piel de hipopótamo, que dijeron:

- ¡Esta tierra es nuestra!

A lo cual respondieron los pigmeos:

- No, esta tierra nos pertenece.

Entonces se pusieron a luchar. Las flechas de los pigmeos rebotaron en los escudos de los hombres negros, y éstos atacaron. Empuñando los garrotes con una mano, enarbolaron los escudos con la otra. Los pigmeos pusieron pies en polvorosa. Muchos murieron, a muchos hicieron prisioneros, muchos escaparon.

Mientras escapaban, se volvían y disparaban flechas, de manera que mataron a varios de los enormes hombres negros. La muerte estaba por todas partes. Las mujeres y los niños se habían ido primero y no había nadie para ayudar a los que caían. La muerte los esperaba.

Aquellos que sobrevivieron y lograron escapar, llegaron a un gran bosque.

- Aquí nos quedaremos – dijeron.

Había mucha carne, y cuando hubieron encontrado un lugar para acampar, encendieron un fuego. Los enormes hombres negros vieron el humo del fuego y dijeron:

- Seguramente los pigmeos han encontrado una tierra muy buena.

Y salieron en su persecución con los garrotes, los cuchillos, y los escudos de piel de hipopótamo. Al llegar dijeron:

- Esta tierra es nuestra.

- No, esta tierra nos pertenece. Volved a orillas del gran río de donde nos echasteis.

Una vez más, estalló la guerra. Las flechas de los pigmeos rebotaron contra los escudos de piel de hipopótamo. Muchos murieron. La muerte estaba por todas partes. Entonces los pigmeos dijeron:

- Nos iremos, dejaremos el gran bosque.

Las mujeres cogieron unos cestos llenos de alimento y se fueron por delante con los niños. Los guerreros cerraron la marcha. Y llegaron a la región de las montañas.

- Nos quedaremos aquí – dijeron – Los trigos no crecerán, los plátanos no madurarán, ni siquiera hay caza, pero estaremos a salvo.

Pero los enormes hombres negros aparecieron otra vez y dijeron:

- ¿Qué hacéis aquí? No hay cultivos ni caza, seguro que nos robaréis la cosecha, la caza y la pesca. ¡Marchaos!

Y los pigmeos se dispersaron. Algunos se fueron a montañas más lejanas, otros a la tierra donde se pone el sol, y los demás se escondieron en lo más profundo del bosque.

Los enormes hombres negros les habían quitado su tierra.

Se sugiere ver: Dzom, el gigante

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