Hermana y hermanito

Había una vez dos hermanos huérfanos, Alenushka, la mayor, e Ivanushka, el menor. Un día, Alenushka salió camino a su trabajo y decidió llevar con ella a su hermanito. El camino era largo y cruzaba grandes campos a pleno sol, así es que, al poco tiempo de andar, Ivanushka sintió mucha sed.

-¡Alenushka, quiero tomar algo!

-No tenemos nada para tomar, Ivanushka; espera hasta que lleguemos al pozo.

Siguieron caminando. El sol los quemaba y la sed los torturaba; pero el pozo quedaba lejos. Entonces encontraron al borde del camino un casco de vaca lleno de agua.

-¡Hermanita Alenushka, voy a tomar agua del casco!

-No, Ivanushka. Si lo haces, te convertirás en ternero.

Ivanushka suspiró y siguió caminando. El sol seguía quemándolo y la sed lo torturaba; y el pozo todavía quedaba bastante lejos. Ivanushka vio entonces un casco de caballo lleno de agua.

-¡Hermanita Alenushka, voy a tomar de ese casco!

-No, Ivanushka. Si lo haces, te convertirás en potro.

Ivanushka suspiró y continuó caminando al lado de su hermana. El sol quemaba cada vez más, la resequedad en la garganta de Ivanushka era cada vez mayor y todavía estaban lejos del pozo. En ese momento encontraron un casco de cabra lleno de agua.

-¡Alenushka, voy a tomar del casco!

-¡No, Ivanushka! ¡Si tomas del casco, te transformarás en un cabrito!

Alenushka siguió caminando. Pero Ivanushka, desobedeció a su hermana, tomó del casco y bebió el agua muy contento.

Antes de terminar el primer sorbo, ya se había convertido en un cabrito de manchas blancas y grises. Al ver que en lugar de sus brazos y sus piernas tenía ahora cuatro patas peludas, Ivanushka corrió asustado a esconderse detrás de un arbusto. Así pues, al poco tiempo, su hermana se dio vuelta y no lo encontró.

-¡Ivanushka, Ivanushka! -gritaba Alenushka, mientras buscaba a su hermanito.

Como no le respondía, ella decidió desandar sus pasos. Luego de caminar un trecho de vuelta, alcanzó a ver detrás de un arbusto a un cabrito muy apenado, e inmediatamente supo lo que había pasado. Alenushka se sentó sobre una pila de heno y empezó a llorar inconsolablemente, mientras que Ivanushka saltaba a su lado con sus cuatro patas.

En ese momento, pasaba por allí un mercader y, al ver a Alenushka sentada llorando, le preguntó:

-¿Por qué lloras, linda niña?

Alenusbka le contó su desdicha. Después de escucharla, el mercader exclamó:

-¡Cásate conmigo! Te vestiré en oro y plata, y el cabrito podrá vivir con nosotros.

Alenushka lo pensó bien y, al ver lo amable que era el mercader, decidió aceptar.

Alenushka y el mercader se casaron y empezaron a vivir juntos. Ivanushka, convertido en cabrito, comía del plato de Alenushka y jugaba con ella todo el día.

Un día, cuando el mercader no estaba en la casa, llegó hasta allí una bruja y se paró bajo la ventana de Alenushka.

-¡Alenushkai ¡Aleuusbka! ¡Ven a nadar al río! -gritaba la bruja, con una voz muy dulce. Atraída por la voz, Alenushka decidió ir con la mujer. Pero, cuál no sería su sorpresa cuando al llegar al río la bruja la atacó, le amarró una inmensa piedra a1 cuello y la lanzó a las aguas.

Usando su magia, la bruja tomó la apariencia de Alenushka, se vistió con su ropa y fue a la casa del mercader. Era como si Alenushka nunca hubiese desaparecido. Cuando el mercader llegó a la casa no notó nada extraño, de modo que no se dio cuenta del engaño de la bruja. Sólo Ivanushka sabía lo que había pasado; estaba tan triste y sentía tanta pena por la ausencia de su hermana, que no comía ni bebía. Se lo veía ir a la orilla del río, donde no cesaba de gritar con su voz de cabrito:

-Alenushka, Alenushka, ¡hermana mía! ¡Sal, por favor! ¡Sal a la superficie, sal del río!

Al darse cuenta de lo que hacía el cabrito, la bruja le pidió al mercader que lo sacrificara. Al principio esto le pareció muy extraño y, desde luego, no quería hacerlo, pues se había encariñado mucho con el cabrito. Sin embargo, la bruja no paraba de pedir y pedir, hasta que el mercader tuvo que ceder:

-Bueno, que sea lo que tú quieras. Lo sacrificaremos.

La bruja ordenó a los sirvientes de la casa prender el fuego, calentar agua en su caldero de hierro y afilar sus grandes cuchillos. Ivanushka escuchó todo el ruido que hacían y entendió que le quedaba poco tiempo de vida. Entonces le pidió a su padre adoptivo:

-Antes de morir, déjame ir al río a tomar un poco de agua dulce y a ver por última vez las aguas calmadas.

El mercader sintió compasión por el cabrito, y accedió. Ivanushka fue corriendo con sus cuatro patas al río y empezó a implorar entre lágrimas:

-¡Alenushka, hermanita mía! ¡Sal, por favor! ¡Sal a la superficie, nada hasta la orilla! ¡Están armando un gran fuego, están calentando agua en un caldero de hierro y afilando cuchillos enormes! ¡Quieren sacrificarme!

Alenushka respondió desde el fondo del río:

-¡Ay, hermanito! Esta piedra es muy pesada y me jala hasta el fondo. Las algas me amarran las piernas y la arena amarilla ya se ha posado sobre mi pecho.

La bruja, al darse cuenta de que el cabrito había desaparecido, mandó a uno de sus sirvientes a buscarlo. El sirviente llegó al río y vio que el cabrito corría desesperado por la ribera, mientras exclamaba:

-¡Alenushka, hermanita mía! ¡Sal, por favor! ¡Sal a la superficie, nada hasta la orilla! ¡Están armando un gran fuego, están calentando agua en un caldero de hierro y afilando cuchillos enormes! ¡Quieren sacrificarme!

El sirviente siguió escuchando y oyó la respuesta de Alenushka desde el fondo del río:

-¡Ay, hermanito! Esta piedra es muy pesada y me jala hasta el fondo. Las algas me amarran las piernas y la arena amarilla ya se ha posado sobre mi pecho.

El sirviente corrió hasta la casa y le contó todo al mercader. Angustiado, el mercader reunió a la gente del pueblo y todos juntos se dirigieron al río. Los pescadores lanzaron sus redes, sacaron a Alenushka y le quitaron con cuidado la pesada piedra. Una vez se hubo recuperado, la bañaron en agua de manantial y le pusieron ropa festiva.

Cuando la gente supo lo que había sucedido, expulsó enfurecida a la bruja del pueblo. Y al ver Ivanushka que Alenushka estaba viva, sintió tanta felicidad que se convirtió de nuevo en niño.

Se sugiere ver: Los dos hermanitos

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