Iasá y el arcoiris

En la tribu de los Cashinahuas vivía una joven llamada Iasá, tan hermosa que todos los que la veían se enamoraban de ella. Pero lasá amaba solamente a Tupá, el hijo del dios supremo Tupán.

El demonio Anhangá, enamorado también de lasá, sentía una terrible envidia de Tupá y decidió robarle la novia. Para lograr su maligno propósito, se apareció un día ante la madre de lasá y le dijo:

- Si tú impides la boda de lasá y Tupá y haces que tu hija se case conmigo, yo te daré caza y pesca abundantes durante toda tu vida.

La ambiciosa madre pensó que si obedecía a Anhangá no tendría que preocuparse más por conseguir alimento. De inmediato le prohibió a lasá volver a ver a Tupá y decidió fijar la fecha del matrimonio de su hija con el demonio.

Al conocer la decisión de su madre lasá se sintió desesperar. Sabía que al casarse con Anhangá tendría que ir a vivir al infierno, en el centro de la tierra, y que jamás volvería a ver el cielo, donde vivía su amado Tupá junto a su padre, el dios supremo Tupán. Era tanta su tristeza, que quiso ver a Tupá por última vez, aunque sólo fuera de lejos;  y así se lo pidió a Anhangá.

El demonio decidió complacer a lasá pero le impuso una condición:

- Te harás una herida en un brazo para que las gotas de tu sangre marquen el camino que te lleva al cielo, así podré seguirte.

Conforme a lo prometido, el día señalado para la boda, poco antes de la ceremonia, lasá partió a visitar a Tupá por última vez. Se había cortado el brazo y a medida que avanzaba, las gotas de sangre iban formando un arco rojo en el cielo.

Tupá que era muy poderoso, ordenó al sol, al cielo y al mar que acompañaran a lasá en su camino y que para confundir a Anhangá dibujaran tres arcos más, al lado de la franja roja. El sol, Guarací trazó un arco amarillo, el cielo luaca, dibujó un arco azul claro, y el mar, Pará formó un arco azul oscuro.

Pero lasá no logró llegar al cielo, ni ver a Tupá. Debilitándose cada vez más, fue cayendo lentamente hacia la tierra. Su sangre se mezcló primero con la franja amarilla de Guarací y se formó un arco anaranjado y, después, al mezclarse con el arco azul de luaca, dibujó otro arco de color violeta.

Al caer sobre la tierra, Iasá murió en una playa, bañada por el agua del mar y por los rayos del sol. No se casó con Anhangá, ni se fue al infierno... De su cuerpo subió un arco verde, formado por la mezcla del azul de Pará con el amarillo de Guarací, y se convirtió en el séptimo arco que seguía la trayectoria de los otros seis.

Así se formó el primer arco iris y ésta es la historia de por qué tiene siete colores y aparece siempre en el cielo en forma de arco.

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