La lanza mágica

Había una vez un muchacho tan pobre que necesitó un año entero para ahorrar el dinero necesario para comprar una lanza.

Cuando por fin hubo reunido la suma, fue al mercado a comprar una. Allí pasó mucho tiempo examinándolas con atención, pero ninguna le gustó realmente.

Miró a su alrededor y vio a un anciano sentado con una sola lanza en la mano.

- Véndemela – dijo el muchacho

- No está en venta, aunque puedes conseguirla. Sin embargo, recuerda una cosa: es una lanza mágica. Cuando vayas de caza y la dispares a un elefante, la lanza matará cien más, ella sola, y luego volverá a ti. Pero, y no lo olvides, rápidamente tendrás que pronunciar las siguientes palabras:

              

¡Lanza, oh lanza poderosa!

Contra este hombre no seas violenta.

¡Pero vuelve aquí, vuelve deprisa!

¡Lanza, oh lanza poderosa!

No fuiste robada,

sino en el mercado comprada.

¡Lanza, oh lanza poderosa!

¡Vuelve, vuelve, vuelve

rápida como el viento!

 

- Si no dices estas palabras, la lanza te matará también a ti.

El joven dio las gracias al anciano y volvió a su casa.

Pronto se convirtió en el mejor cazador de toda la región. Mató muchos, muchísimos elefantes, y cuando tuvo un gran número de colmillos fue a la costa para vender el marfil en el barco de vapor.

Mientras vendía el marfil a bordo y no pensaba en la lanza, la vio de pronto volar hacia él atravesando el aire. Sin perder un instante, empezó a decir los versos que el anciano le había enseñado:

 

¡Lanza, oh lanza poderosa!

Contra este hombre no seas violenta.

¡Pero vuelve aquí, vuelve deprisa!

¡Lanza, oh lanza poderosa!

No fuiste robada,

sino en el mercado comprada.

¡Lanza, oh lanza poderosa!

¡Vuelve, vuelve, vuelve

rápida como el viento!

 

Cuando acabó de pronunciar estas palabras, la lanza aterrizó en su mano.

Al volver a su casa, la gente de la aldea le contó que habían encontrado a su vecino muerto en la jungla, entre un centenar de elefantes abatidos. El joven adivinó lo que había pasado y se puso muy contento de poseer una lanza mágica que nadie podía robarle.

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