El lobo y las muchachas

Recopilado por Italo Calvino

Había tres muchachas que trabajaban en una aldea. Recibieron noticias de que su madre, que vivía en Burgofuerte, estaba en trance de muerte. Entonces, la hermana mayor preparó dos canastas con cuatro frascos y cuatro tortas y partió hacia Burgofuerte. En el camino se encontró con un lobo, que le dijo:

- ¿A dónde corres tan deprisa?

- Voy a Burgofuerte, madre está en trance de muerte.

- ¿Qué hay en esas canastas?

- Cuatro frascos, cuatro tortas.

- Me las das, o que te come será tu suerte a la corta.

La muchacha le dio todo al lobo y volvió cabizbaja junto a sus hermanas. La segunda, entonces, llegó las canastas y partió hacia Burgofuerte. En el camino, se encontró con el lobo.

- ¿A dónde corres tan deprisa?

- Voy a Burgofuerte, madre está en trance de muerte.

- ¿Qué hay en esas canastas?

- Cuatro frascos, cuatro tortas.

- Me las das, o que te come será tu suerte a la corta.

También la segunda hermana vació las canastas y se apresuró a volver a casa.

- Ahora iré yo – dijo la más pequeña.

Preparó las canastas y partió. También encontró al lobo en el camino.

- ¿A dónde corres tan deprisa?

- Voy a Burgofuerte, madre está en trance de muerte.

- ¿Qué hay en esas canastas?

- Cuatro frascos, cuatro tortas.

- Me las das, o que te come será tu suerte a la corta.

Entonces la hermana pequeña cogió una torta y se la arrojó al lobo, que estaba con la boca abierta. Era una torta que ella misma había preparado, llena de clavos. El lobo la cogió al vuelo, la mordió y se lastimó el paladar. Escupió la torta, hizo una cabriola y escapó, diciéndole a la muchacha:

- ¡Me las pagarás!

El lobo se internó a la carrera por ciertos atajos que sólo él conocía, y llegó a Burgofuerte. Entró en la casa de la madre enferma, se la engulló de un bocado y se metió en la cama.

Llegó la muchacha, vio a su madre apenas asomada entre las sábanas y le dijo:

- ¡Madre, qué negra estás!

- Es por todos los males que tuve, hija mía – le respondió el lobo.

- ¡Madre, qué cabeza tan grande tienes!

- Es por todos los pensamientos que tuve, hija mía.

- ¡Madre, déjame abrazarte! – dijo entonces la niña.

Y cuando la pequeña se acercó, el lobo se la comió de un bocado. Luego de devorarla, escapó. Pero en cuanto salió, los aldeanos se asombraron de ver salir un lobo de una casa. Lo persiguieron con horquillas y azadas, le cerraron el paso y lo mataron. Enseguida, le abrieron la panza y de ella salieron madre e hija, vivas aún.

La madre sanó y la niña volvió junto a sus hermanas. Al llegar, les dijo:

- ¿Habéis visto, habéis visto como engañé al lobo?

Se sugiere ver: Caperucita Roja

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