La muchacha que surgió de un huevo de avestruz

Setetelané era un hombre muy pobre. Tan pobre que no tenía nada en el mundo excepto la choza de tierra batida donde vivía. Cazaba ratas de campo y con su piel se hacía la ropa. Y, por supuesto, no tenía mujer. ¡Qué mujer hubiera querido a un pobre mendigo! Si ni siquiera tenía un buey para comprarla…

 

Un día que volvía a su casa, más hambriento que nunca, encontró un huevo de avestruz en el camino.

 

- ¡Qué bien voy a comer! - exclamó, muy alegre - Inmediatamente voy a encender fuego y a cocerlo.

 

Pero primero esperaré a que cambie el Viento.

Pero el Viento siguió soplando en la misma dirección y, como llegaba la noche, Setetelané llevó el huevo a su casa, lo dejó en un rincón y se olvidó de él. Al día siguiente salió a cazar ratas, como de costumbre. Cuando volvió le esperaba una sorpresa tan grande que se preguntó dónde estaba. Encontró su choza barrida y ordenada y en la mesa había una hogaza de pan fresco y un jarro de cerveza. Se sentó, muy contento, y comió bien por primera vez en su vida. 

Al día siguiente se fue muy temprano al bosque, y, cuando volvió por la noche, encontró otra vez la choza barrida y ordenada y el pan fresco y la cerveza sobre la mesa. Volvió a pasar lo mismo al día siguiente y también al otro día. Entonces Setetelané se rascó la cabeza y se preguntó en voz alta. 

- ¿Cómo es posible? No tengo esposa y, sin embargo, alguien barre el suelo, cuece pan, fabrica cerveza. ¿Quién puede ser? 

- Yo barro, cuezo el pan y fabrico la cerveza - respondió una voz. 

Y una encantadora muchacha salió del huevo de avestruz olvidado en un rincón. 

- Si quieres – dijo - me quedaré aquí y me ocuparé de ti. Y no te faltará nada. Pero nunca, nunca, me recordarás que he salido de un huevo de avestruz. 

Setetelané prometió lo que ella quiso. Era tan feliz de tener una mujer para él... ¡Y qué mujer! Realmente, pensaba en todo y jamás le faltó nada. 

Pero las cosas no siempre permanecen sin cambios, y una mañana ella dijo a Setetelané: 

- ¿Te gustaría ser un jefe muy rico? 

- ¿A quién no le gustaría? -respondió Setetelané, y fue a acostarse. 

Entonces la joven salió de la choza y se puso a golpear el suelo con un mazo en el lugar donde se echaban las cenizas. 

Cuando se despertó, Setetelané oyó ruido de voces y mugidos de ganado. Asomó la cabeza al exterior de la choza y se frotó los ojos. Una gran aldea le rodeaba, los establos estaban llenos de ganado y los habitantes rodearon su choza para saludarle, haciendo reverencias y salmodiando: 

- ¡Larga vida a nuestro jefe! 

- Por lo que veo --dijo Setetelané - soy el jefe de una aldea muy rica. 

Y desde entonces vistió un manto de piel y no pieles de rata, y durmió en un lecho mullido, y tuvo tanta comida como podía comer y tanta cerveza como podía beber. 

Pero las cosas no siempre permanecen sin cambios, y un día Setetelané bebió mucha cerveza después de una copiosa comida, mucha más de la debida, y se le desató la lengua. Olvidando lo que había prometido a la muchacha, la llamó: 

- ¡Ven aquí, muchacha que saliste del huevo de avestruz!

 

La joven acudió y dijo: 

- Me has llamado «muchacha que salió del huevo de avestruz». 

- ¡Naturalmente! ¿Acaso no saliste de un huevo de avestruz? --dijo Setetelané. 

Entonces la muchacha dio media vuelta y salió de la choza sin decir una palabra y Setetelané se fue a acostar. Era lo único que podía hacer después de haber bebido tanto. 

Pero en medio de la noche notó que tenía la espalda apoyada en algo duro y se despertó. Se incorporó y vio que el mullido lecho había desaparecido y que estaba tumbado en el suelo. También había desaparecido su manto de piel. En su lugar estaba su vieja ropa hecha con pieles de rata. Al salir de la choza, ya no vio la aldea, sino un gran bosque que le rodeaba por todas partes. En cuanto a la muchacha que había salido del huevo de avestruz, se había ido y no volvió nunca más.

Así fue.

  • Wix Facebook page
  • Instagram Social Icon
This site was designed with the
.com
website builder. Create your website today.
Start Now