El pandero hablador

Érase una vez un hombre viudo que tenía una hija, que se volvió a casa con una mujer viuda que, a su vez, tenía también una hija del matrimonio anterior. Un día en que estaba ausente el buen hombre, enseñando el Corán en un pueblo lejano, la mujer envió a la fuente a su hija y a su hijastra. Las niñas fueron y encontraron allí a un hombre que le dio una rosa a cada una: la de la hija era de color blanco, y la de la hijastra de color rojo. Cuando regresaron a casa, la madrastra mató a la hijastra, la desolló y la enterró. Con la piel de la niña se hizo un pandero que, al tocarlo, empezó a cantar:

 

Déjame en paz,

voz enemiga,

hija del enemigo,

que por la rosa roja corrió mi sangre

 

Sorprendida, la madrastra pensó que si conservaba el pandero en su casa, su marido conocería tarde o temprano la verdad, y la mataría. Un día, cuando pasó por su casa un mendigo tocando un viejo pandero y pidiendo limosna, le propuso intercambiarlos. Ella se quedó con el pandero del mendigo y le entregó a él el que había fabricado. Al tocarlo el mendigo, el pandero cantó:

 

Déjame en paz,

que por la rosa roja corrió mi sangre

 

No obstante, el mendigo se quedó con el pandero de la madrastra. En su recorrido de poblado en poblado, llegó a donde enseñaba el Corán el padre de la pobre muchacha. Tocó el pandero y ésta cantó:

 

Déjame en paz,

que por la rosa roja corrió mi sangre

 

Reconoció el hombre la voz de su hija, y le pidió al mendigo que le permitiera toca el pandero. Al hacerlo, éste cantó:

 

Déjame en paz,

padre de mi corazón

que por la rosa roja corrió mi sangre

 

El padre comenzó a llorar desconsoladamente y, al preguntarle al mendigo en dónde había adquirido el pandero, recibió por respuesta las señas de su propia casa. Entonces, se lo compró, y emprendió el viaje de retorno.

Cuando llegó, preguntó por su hija, y su mujer le respondió que había muerto. Entonces, el le entregó el pandero y la obligó a tocarlo. La madrastra lo tocó, y el pandero cantó:

 

 

Déjame en paz,

voz enemiga,

hija del enemigo,

que por la rosa roja corrió mi sangre

 

Al escucharlo, cogió el hombre un cuchillo y mató a su mujer.

Se sugiere ver: La quenita , La flor del lilo-va

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