El zorro y el pan

Iba por el camino una vendedora de pan, llevando el canasto sobre la cabeza. Había salido a vender. El quirquincho la vio y se puso junto al camino. Se hizo bolita, haciéndose pasar por muerto. Cuando lo vio la panadera, se puso contenta. Lo levantó y lo guardó en el canasto. “Qué rico quirquincho voy a comer esta noche” pensó. Y siguió su camino.

Durante el camino, el animal dentro del canasto comió y comió pan hasta saciarse. Al pasar la mujer por abajo de un árbol, se colgó el quirquincho de una rama baja. Cuando la panadera se perdió de vista, bajó y siguió viaje, feliz y satisfecho.

Por ahí se cruzó con el zorro.

- ¿A qué se debe tanta alegría amigo quirquincho? – le preguntó el zorro - ¿Y cómo es que se lo ve a usted tan bien alimentado, y yo tan flaco que hasta me puedo contar las costillas?

El quirquincho le contó al zorro su secreto, y el zorro pensó que el también debía aprovechar semejante oportunidad.

Al día siguiente se acostó bien delante del camino, para cruzarse con la panadera antes que el quirquincho. Se puso bien duro y se hizo pasar por muerto. Cuando la mujer apareció por el sendero, y vio al zorro allí acostado, tomó un palo y lo golpeó duramente para asegurarse de que estaba realmente muerto. Los zorros no se comen.

Así, la mujer siguió su camino y al zorro no le quedaron más ganas de robar pan.

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